
Se hace camino al andar. Camelot.
RUTAS CANTABRICAS (DIA 8)
Mañana de buen clima, un viaje programado para visitar los bellos pueblos cantábricos, como Santillana del Mar, la ciudad de las tres mentiras: Ni es llana ni santa y no tiene mar.
Un poco como Loma Bonita, Oaxaca, que ni es Loma ni está bonita y la gente no la ve como Oaxaca, sino como parte de Veracruz.
Luego un pisa y corre a San Vicente de la Barquera, para terminar en Comillas, que tiene una gran universidad y tiene también la mano y el genio del gran Gaudí, que allí dejó para la eternidad gran obra, de las pocas que hizo fuera de Barcelona, aunque nada se iguala a La Sagrada Familia.
Tomamos la autovía que nos lleva a esos puntos. Son una chulada de carreteras y ninguna de paga, Capufe y sus inútiles ejecutivos debían darse una vuelta por aquí y ver con admiración como está ese pavimento, no hay un bache, no hay un hoyo, no hay nada que perturbe la tranquilidad de los automovilistas y tiene, además, gran control de las velocidades, o sea, si te pasas de rosca la fotografía te delata y al tiempo te llega una multa a tu tarjeta, si es auto alquilado, como el que traemos, pues la misma agencia donde lo alquilaste se encarga.
Maravillosas esas autovías, como ellos le llaman a nuestras autopistas.
Hay buen tiempo, el sol sale y están felices con los 20 grados, después de haber tenido un duro invierno y estos días de mucho viento y frio que cala.
Estos autos inteligentes te guían ahora, como cuando los navegantes veían tierra.
La señalización es magnífica, te llevan paso a paso hasta que entras de la autovía al primer pueblo.
SANTILLANA DEL MAR
El primer alto es para comer, los españoles casi no abren en domingo y el cuidador del auto, mediante 3 euros, nos dijo que le apuráramos, porque algunos cierran.
Encontramos el primero llamado Bar Bodega El Porche. Casona vieja, como todo aquí de gran belleza y por 21 euros por persona le entramos al primero y segundo plato, un cocido montañés, sopa de pescado, paella y un arroz a la cubana o pollo, platillos a escoger.
Un matrimonio dueños atienden. Está lleno, tiene su terraza al descubierto, pero como todavía sopla el aire frio, mejor nos metemos al sitio de mesas cubiertas.
Pagamos y a la calle, a admirar esos sitios bellos medievales que hacen a Santillana única y un lugar de mucho turismo, me los imagino en el verano.
Castillos, iglesias, lugares de quesos y souvenirs, la delicia de poder caminar donde quizá algunos monjes habitaron esos sitios, donde uno al andar a golpe de calcetín la calle empedrada sientes que estás en otro mundo.
Los sobaos, los orujos, los quesos, se encuentra un señor junto a un nacimiento de agua, que seguro hace cientos de años allí se surtían los pobladores, ese señor con una cámara antigua toma fotos que al instante revela y te la vende.
Es domingo hay pocos negocios abiertos, optamos por marchar al otro, San Vicente de la Barquera, que tiene un puente antiguo a su entrada, no como los de los romanos, que eran eternos y extraordinarios constructores y apenas en Madrid la lluvia se llevó uno del tiempo de los Césares, porque llegaban y conquistaban pueblos, pero les legaron una infraestructura de puentes que aún están muchos como si ayer lo hubieran construido.
Entramos a una tienda, raro pero encontramos a un español muy platicador, al oír que éramos mexicanos y pregunta qué de dónde amigo vengo, contó que cuando la Guerra Civil de allí partía un barco en Santander, que llegaba a La Habana, donde hacia escala, luego se iba a Veracruz, pedacito de patria que sabe sufrir y cantar. Me acordé entonces de Lázaro Cárdenas y Los Niños de Morelia, de toda aquella migración que llegó para engrandecer a México en su cultura y las letras.
Habló que de ese pueblo de San Vicente, se había ido un rojo, que así llamaban a los antifranquistas.
Regresó años después -seguía contando-, y al desembarcar checó con las autoridades que no tenía ‘delito de sangre’, que eso debe ser resultado que aquí no se quebró a nadie y no dejó muertos, y lo perdonaron, En México hizo dinero y se vino a vivir y morir en su España querida.