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TEXTO IRREVERENTE | CAMPO DE EXTERMINIO - El periódico Le Monde tituló así la noticia sobre el rancho de Teuchitlán: "El descubrimiento de restos humanos dentro de un rancho remarca la apatía de las autoridades...

El periódico Le Monde tituló así la noticia sobre el rancho de Teuchitlán: "El descubrimiento de restos humanos dentro de un rancho remarca la apatía de las autoridades sobre el tema de los desaparecidos"...

Le Figaro: "Un cartel de la droga mató a los que reclutaba".

Radio Francia Internacional: "El rancho es un centro de entrenamiento y algo peor, de exterminio"...

Por Andrés Timoteo

CAMPO DE EXTERMINIO

El periódico Le Monde tituló así la noticia sobre el rancho de Teuchitlán: "El descubrimiento de restos humanos dentro de un rancho remarca la apatía de las autoridades sobre el tema de los desaparecidos".

Le Figaro: "Un cartel de la droga mató a los que reclutaba".

Radio Francia Internacional: "El rancho es un centro de entrenamiento y algo peor, de exterminio".

La televisora France24 : "El rancho del horror en México".

El semanario Le Point: "Descubren un campo de extermino que horroriza a México".

El diario Le Parisien: "Narco-hornos en México para desaparecer personas".

Y así la prensa francesa en general informó con dos constantes: es un sitio de extermino y México acumula más de 120 mil personas desaparecidas.

Por supuesto que estremecieron las fotografías y videos de los cientos de pares de zapatos, mochilas escolares y prendas de vestir allí localizadas.

Esas imágenes remueven en Europa la memoria colectiva sobre lo encontrado hace ochenta años en los campos de concentración del nazismo.

Ver los montones de zapatos en Teuchitlán recordó a Auschwitz, Polonia, y a otros cientos de lugares donde se encarcelaba, torturaba y asesinaba a gente cuyos cadáveres eran quemados en hornos o sepultados en fosas clandestinas.

Lean "Los hornos de Hitler" (1947) de la rumana Olga Lengyel -en Francia el libro se titula "Souvenirs de l'au-delà" ("Recuerdos del más allá")-.

Fue la única sobreviviente de su familia en Auschwitz donde mataron a sus padres, esposo e hijos.

Lengyel declaró como testigo de cargo en el juicio de Bergen-Belsen.

Lo que son las cosas, ella falleció de causas naturales a los 92 años.

Ya de adulta mayor bromeaba que la muerte "le tenía miedo" porque además de Auschwitz venció tres veces al cáncer que la atacó a lo largo de décadas en diferentes órganos.

"Y aquí sigo, ¡échenme a los nazis y al cáncer!", decía entre risas a sus nietos y tataranietos en cada cumpleaños mientras brindaba Palincă, un tradicional licor rumano de ciruela.

NO CREEN LA NARRATIVA

En su libro, Lengyel narra horrores muy parecidos a los que seguramente vivieron las personas, jóvenes en su mayoría, que terminaron sus días en Teuchitlán donde también fueron incinerados por los matones del CJNG.

Las noticias europeas Europa sobre Teuchitlán muestran que en el viejo continente no le creen al gobierno mexicano que busca cambiar la narrativa negando que allí se haya exterminado a la gente y argumenta que solo la entrenaban para el sicariato.

A los franceses sacudió en especial el tema porque hace ocho décadas encontraron indicios similares -miles de zapatos y ropa- en los doce campos de exterminio que los nazis operaron en suelo galo.

Los principales fueron Saint-Cyprien, Rivesaltes, Le Vernet, Les Milles y Struthof-Natzweiler.

Este último, localizado en la Alsacia, frontera con Alemania, fue el peor.

Allí encarcelaron a 44 mil prisioneros y la mitad de ellos fueron asesinados y cremados en hornos similares a los de Auschwitz.

Hoy Struthof-Natzweiler también es un museo-memorial del Holocausto.

Sus espantos están documentados en el libro "Un campo de la muerte en Francia" (2005) del historiador Raymond Courand.

Parte de ese horror fue la colección de 86 esqueletos y cadáveres disecados del doctor August Hirt -el Josef Mengele de Francia- quien experimentó con humanos y preservaba sus restos para ejemplificar la 'inferioridad biológica' de la raza judía frente a la aria.

NUESTRAS TIERRAS RARAS

Paco Cerdà, periodista y escritor, acaba de publicar en el diario El País un artículo excepcional sobre el libro "Cuentos sobre Alicante y Albatera" (1985) del novelista Jorge Campos, sobreviviente del campo concentración del franquismo en Albatera donde se mataba "con los disparos de fusil y los disparos sin plomo contra aquellos reos que morían en el suelo por inanición, sed, agotamiento o abandonados como animales ante la enfermedad".

Cerdà basa su reseña en un recuerdo muy personal: lo que le contaba su Tío Manolo quien fue anarquista y vivió los horrores de la Guerra Civil Española.

Todos los españoles tienen sus 'Tíomanolos', dice, que saben, recuerdan y narran episodios tremebundos a los jóvenes para que nunca se olviden ni tampoco se repitan.

El valenciano hace una traspolación de las tierras raras que Donald Trump quiere apoderarse en Ucrania cambio de finalizar la guerra con Rusia y las tierras de las fosas comunes del franquismo muchas que continúan sin ser localizadas.

"Ahora que la obscenidad más inhumana nos hace hablar de la riqueza de unos elementos químicos depositados en la corteza terrestre mientras los nadies mueren, matan y siguen muriendo en la rueca de la Historia".

Ahora parece oportuno recordar que también nosotros tenemos unas tierras raras.

Muy raras y valiosas.

Ahí abajo, a la sombra de unas palmeras datileras mudas y en otras tantas tierras de España, está lo que un día fuimos y soñamos ser".

( https://goo.su/LdC2 ).

En México igualmente se tienen muchas de esas tierras raras con nuestros desaparecidos allí enterrados clandestinamente.

También abundan los 'Tiomanolos' que saben y deben contar lo que pasó.

*Envoyé depuis Paris, France.